AMOR Y COMIDA BASURA

He tenido claras muchas cosas en mi vida incluso siendo muy indeciso. Cabeza bien amueblada y hacia adelante. Sin embargo, nunca había tenido claro qué era realmente el amor. Sin contar con muchos referentes sólidos cercanos, me refugiaba en las historias románticas de los libros que devoraba o en las comedias románticas del cine. Y así, idealicé el amor. Hasta que llegó alguien que arrasó con toda esa idea utópica y decidí que era mejor maldecirlo y guardar mi corazón en el pecho custodiado por el dragón del miedo. En esos momentos de neblina mental y emocional, nadie podía hacerme daño de nuevo. Sin embargo, cuando menos me lo esperaba, apareciste correteando por mi camino, avanzando por la avenida, resbalándote sobre mis dedos, nadando en las comisuras de mis labios, visitando mis sonrisas y quedándote a vivir en ellas. Poniendo nombre a todas las formas de las nubes que aparecían en el cielo. Y entonces, mataste al miedo dándose el dragón por vencido y las torres se derrumbaron dejando un desierto de ruinas rodeando el incesante bombeo de mis heridas.

En Madrid, me besaste en la Gran Vía como una película cutre y me dijiste que te faltaba por besarme en la Puerta del Sol, y después que te faltaba besarme en el Kilómetro 0, y yo pensaba que cualquier excusa era buena para que nuestros labios se dieran mimos, que no hacía falta ni salir del hotel, que me hubiera quedado contigo pidiendo comida basura, que me daban igual los rincones de Madrid, si tan solo quería el que existe en tu corazón para mí…

No necesitamos grandes cenas, cualquier sitio donde vendieran algo rápido y grasiento nos bastaba con tal de saber que ese viaje no hubiera sido lo mismo el uno sin el otro. No se necesitan grandes cosas para vivir grandes momentos.

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Pinterest.

Qué jodido el miedo a que nos vuelva a hacer daño, estamos creando una generación apta profesionalmente, pero que suspende en emociones, sin saber gestionarlas y sin saber tratar a las personas. Pasando un rato en esta cama y otro en la de enfrente. Pero, no sabéis qué sensación tan vertiginosa aquella que te invade cuando alguien que te quiere no aparta sus ojos de ti. No lo digo yo, lo dice mi corazón. Y todos esos momentos en que nuestras manos se chocan, todos esos besos de reconciliación, los abrazos rompecostillas, todas las canciones que cantamos en el coche, como Dopamina cantada a pleno pulmón, el sol en tu pelo, las caricias de nuestras yemas sobre el océano de nuestra espalda, uniéndose sin más tierra que un colchón de sábanas desechas. Lo dice la forma en la que sonreímos cuando nos vemos. Y no se trataba de viernes, sábado y domingo, sino de sentir esa complicidad con una persona que hiciera que tus días, incluso los lunes, se volvieran muchos más ligeros, porque al final del día, puedes tumbarte, y mirando al techo con ráfagas intermitentes de la llama de las velas, hablar o simplemente respirar y quedarte en silencio. Y juro que no hay silencios más bonitos teniendo la certeza de que mi cabeza descansa sobre tu pecho.

Ahora escribo mientras mi gata se acomoda en el edredón blanco de mi cama y reflexiono sobre todo lo ocurrido en tan pocos meses, y pienso que quizá esto sea demasiado cursi, que a ti no te van estas cosas, que pasas de rollos, y sin embargo estas noches de invierno han sido un paseo en la playa teniéndote en el lado opuesto de mi cama… Y las noches se han convertido en escuchar recitar a Loreto Sesma de fondo y dos velas de algodón consumiéndose hasta el alba, me has regalado versos de Pablo Neruda y yo te ofrezco, que aunque no sean tan buenos, los que planean en cada latido de mi pecho izquierdo.

Y de camino vi música en directo y me regalaste una rosa que fue como descubrir vida en otro planeta, y temí por la necesidad de salir ileso, pero volví a centrarme en lo mucho que te brillaban los ojos en Madrid. Pensé que tenía que ver con el viaje, con la navidad, con las luces de decoración, con la emoción de la ciudad, pero al volver a casa, miré de nuevo a tus ojos y vi que brillaban igual…

Brillaban por mí.
Y así, Madrid es una metáfora para contar cómo me conquistaste….

Queriéndome.

Todo esto se podría resumir en preguntarte: “Si me fuera cuatro meses a Australia, ¿te vendrías?” y que no hayas dudado en decirme: “Sí”.

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Photo by luizclas on Pexels.com

Yo qué sé, quizá me esté pasando, pero si el amor es esto, una vida llena de ilusiones y que esté ahí alguien para ayudarte a nadar cuando suba la marea, definitivamente, me quedo con esto. En compartir contigo, todo lo que venga. Somos como dos universos uniéndose. Somos ingentes. Dos tangentes que se han chocado y que se han enamorado con la antítesis que el mundo ofrece. Con comida basura, hay más amor.

Daniel Sánchez.

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Daniel Sánchez tiene 24 años y se graduó en Estudios Ingleses (literatura, cultura y lengua) en la universidad de Alicante. Es un apasionado por la escritura, literatura y edición. Su libro "Y en enero, primavera" es su primer poemario donde trata temas como el amor, el desamor y denuncia las desigualdades que sufre la sociedad.

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