¿CRECER?

Anoche no conseguía dormir. Y acabé en el sofá. Me recordó a cuando era pequeño y venían las primeras semanas de empezar el nuevo curso. Estaba nervioso y me bajaba al salón sin poder dormir. Hacía más frío que ahora, o mi cuerpo ha ido cambiando y ya no lo noto como entonces. De pronto, se avecina un aire fresco que te pone los pelos de punta y el contacto con las sábanas frías que cubren el sofá se vuelve adictivo. Fuera aún es de noche y se empiezan a escuchar los primeros coches que arrancan hacia sus trabajos o aquello que ya vuelven de ellos. Entonces me acordé del primer chico que me rompió el corazón.

Justo se cumple no sé cuántos años de eso. Y también recuerdo que hacía más frío. Y en ese momento, me abrazo al cojín y me echo de menos. Me echo tanto de menos. Y es que ojalá volviera la inocencia de esa época. “Quién pillara los dieciséis”, le dije el otro día a una amiga. Aunque con pillar los diecinueve me conformaba. Y es que en esa época empezó todo a ser nuevo y emocionante.  Y no es que quiera abandonar la versión profesional que he conseguido ahora, pero a veces me gustaría volver a ser ese chico romántico empedernido que ha ido cayendo en picado por lo que ha tenido que ver. Imagino que eso es crecer y madurar. Dejar el complejo de “Peter Pan” y seguir adelante. Aunque, ¿nunca habéis querido ir hacia atrás con todo lo aprendido? A mí me encantaría.

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A veces pienso que es una racha. Una racha larga. Que aún queda mucho para asentarme y que quizá vuelva con el tiempo, pero imagino que es una consecuencia de ir cumpliendo años el perder la inocencia de la adolescencia. Vamos perfeccionando ciertos aspectos y cada vez dejamos de tener menos tiempo para soñar. Para creernos ciertas cosas y para perder el tiempo en asuntos en los que creemos que no van a ninguna parte. Sin embargo, algunas veces me gustaría dar rienda suelta a mi imaginación, ser el que lloraba con alguna película romanticona. Perder tiempo en cosas insignificantes. Equivocarme. Y mucho. Bailar en casa como si fuera un profesional por dentro y que por fuera la gente pensara que estaba evitando pisar minas. Ir al cine entre semana, asustarme demasiado con una película de terror. Soñar con mi yo futuro siendo un escritor de éxito.

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 Y ahora lo que me encuentro es haciendo cosas sin parar, ejercitando la parte profesional y dejando de lado un poco la más emocional. Dejando de hacer ciertas cosas por los fracasos. Estar cansado casi siempre. Pensar en el futuro y que una marea ingente se apiade de mi pecho y me deje sin respiración.

No sé. Quizá eso sea crecer. O no.

O quizá es que aún me queda mucho por crecer aún.

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Daniel Sánchez.

 


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Daniel Sánchez tiene 24 años y se graduó en Estudios Ingleses (literatura, cultura y lengua) en la universidad de Alicante. Es un apasionado por la escritura, literatura y edición. Su libro "Y en enero, primavera" es su primer poemario donde trata temas como el amor, el desamor y denuncia las desigualdades que sufre la sociedad.

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