LO QUE ME HUBIERA GUSTADO DECIRTE EN NAVIDAD (2024’s version)

Hace cuatro años, concretamente el 24 de diciembre del 2020, escribí Lo que me hubiera gustado decirte en Navidad. Después de cuatro años, muchos momentos y reflexiones, sigo haciendo hincapié en lo importante que es no dejar cosas en el tintero. Decir a esa persona que la quieres o incluso a gente nueva que llega a tu vida, poder darle las gracias y expresar lo a gusto que estás con ellas. Dar abrazos. Muchos. Me he convertido en una persona que saluda con un abrazo y se despide con otro. Nunca he sido de contacto físico hasta hace unos años. Y cómo de relajante es abrazar a alguien, durante diez segundos, con un poquito de presión. Se queda, flotando, esa típica sensación que deja un día de playa en pleno verano y llegas a casa, te duchas y te vistes con prendas frescas. 

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Después de este año, tengo muy presente que las personas se marchan. No voy a entrar en cómo, pero pueden desvanecerse de un día para otro sea como sea. Y se nos queda en el pecho enquistado cosas que quizá hemos ido posponiendo. Ya sea por falta de tiempo o por vergüenza. Justo el otro día, estaba viendo un Vlog en Youtube de un chico que me encanta. Entre reseñas de libros, hace un poco resúmenes de sus semanas. En una parte del vídeo, decía que algunas veces se le olvidaba llamar a su madre porque cuando ella lo llamaba, o no lo escuchaba o estaba haciendo otras cosas y lo posponía. Todos hemos hecho esto. Pero me dio mucho para pensar. Y es que no somos eternos y, aunque sea una postura un poco pesimista, es la más realista. Me he dado cuenta de que quizá, algunas veces, decimos comentarios desafortunados y que por nos ser nosotros el objetivo, creemos que no sientan mal. Sin embargo, ponerse en la piel de los demás es difícil y la empatía en estos casos puede estar ausente. Y quizá, lo que sea una broma para ti, para la otra persona no lo es.

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Últimamente, tengo ese pensamiento de ‘Si no aporta nada, no lo digas’. Ya bastantes complejos, inseguridades y remordimientos tenemos como para añadir opiniones ajenas que no hemos consultado. Ahora, si lo que está entre la punta de tu lengua rozando los labios va a hacer un poquito más feliz a esa persona o le vas a sacar, aunque sea, una sonrisa tímida, puedes decírselo a los cuatro vientos. Una y otra vez. Y aunque no te tienes que esperar a Navidad, si estás leyendo esto estas navidades, pienso que es un momento perfecto para hacerlo.

Para mí, la Navidad que viene justo después de mi cumpleaños, me ha parecido una época mágica. Incluso ahora que han cambiado muchísimas cosas y hay gente que no está, sigue siendo un sentimiento para mí. Porque en estas fechas, me invade una esperanza muy cálida. Es como si de repente se encendiera la chimenea en el lado izquierdo de mi pecho. Es como una canción sin letra a piano. Es justo el momento en el que la melodía va de menos a más. Es como ese sol en las mejillas en pleno diciembre, como esa carcajada que alguien te arranca. Como ese beso tan esperado o como ese momento en el que alguien te mira y de repente sus ojos comienzan a brillar de forma febril. 

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Te diría, como aquel 24 de diciembre del 2020 que, a la hora de brindar y sumergir ese anillo de oro para pedir un deseo, pidas que ninguna silla se quede vacía el año que viene. Ahora, viendo que eso es inevitable, te voy a decir otra cosa:

No te quedes con el “Lo que me hubiera gustado decirte en Navidad”, quédate con el «Lo que te dije en Navidad”.

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Daniel Sánchez

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