DE CUANDO EL APAGÓN

«Apagón generalizado en España»

«Última hora del apagón y los cortes de luz, en directo»

«Apagón eléctrico en toda España»

«Se desconocen las causas del apagón. ¿Ciberataque?»

Despiertas en un soleado día de finales de abril. Es festivo y la sensación de la primavera que, con un redoble de tambores, anuncia el próximo verano, se apodera de ti. El sol parece estar reservando su energía y así, poder descargarla de golpe cuando llegue el mediodía. Decides pasarlo en familia, conociendo a un nuevo miembro. En la montaña los móviles no funcionan. No te das ni cuenta de que el país se ha sumido en un severo apagón, justo a las 12:33. En un aperitivo, los recuerdos presiden la mesa; los del pasado y aquellos que están por crear. Hay risas y estás feliz. Esperas que los que rodean la mesa, también.

Cuando vuelves a la realidad, y vas abandonado esa morriña mientras el sol calentaba tu cuello, descubres el gran apagón. Ha dejado de funcionar todo. La brisa del mayo inminente acaricia la piel de los transeúntes que han decidido salir a pasear. Las calles se llenan. Los parques vuelven a ser testigos de balones siendo lanzados de un lado a otro; las calles se llenan de vida. Los balcones soportan más peso de lo que están acostumbrados. Todos han salido a ver qué ocurre. Vuelven los gritos de ventana a ventana:

– ¡Mari! ¡Increíble!

– Súper fuerte. 

Se entrevén, entre las cortinas que ocultan los cristales, las luces emanando de las llamas de las velas. La incertidumbre se expande como la pólvora sobre las ciudades. Y de repente, todo se detiene. Ponemos en marcha las radios analógicas. 

Todo

se

detiene. 

Las redes se apagan. Y parece que, por unas horas, los pensamientos en bucle también. Y aquello que parecía importante, parece no serlo tanto. Comienzas a recordar el significado de la palabra «relativizar», se precipitan conversaciones entre todos y se crea una atmósfera, en algunos casos, acogedora. De esas que despiertan esa sensación que surge un domingo en una mañana de invierno. Por mucho ruido que haya, todo parece estar en silencio al mismo tiempo.

Y al finalizar el apagón, al día siguiente, entre las nubes y las siluetas de las montañas a lo lejos, el sol vuelve a salir.

Y amanece, una vez más. 

Daniel Sánchez

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