DE CUANDO UN DESAYUNO CON DIAMANTES

Hay ocasiones que se avecinan tornados. Y parece que te arrastra y no deja que salgas de un bucle interminable. Todo parece dar miedo; y yo que he sido de cambios, me cierro en banda a uno más. Sin embargo, un día parece que toda esa intensidad, que ha vuelto de repente a ser parte de ti, se rebaja. Consigues, entonces, verlo todo con más claridad. Se van disipando, por enésima vez, esas inseguridades que se adhieren con fuerza a la espalda y, aunque cueste, dejas de intentar tener el control absoluto de todo, dejando el futuro al albur.

Y entonces, llegan los desayunos con amigas de toda la vida; las risas, los cotilleos, y hablar de lo mucho que parece haber cambiado todo, pero ahí estáis, como siempre. Un día cualquiera, te llega un mensaje de una amistad antigua, que hace años que no ves. Y decidís quedar, poneros al día y descubres, otra vez, una persona maravillosa, que tiene las mismas inquietudes que tú.

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Llega, también, una amiga que se fue a otro país, y suena la música que os acompañaba en la adolescencia en una noche primaveral. Y después de unos años de fingir ser buenas personas, viendo que critican igual, esa noche, y solo por esa noche, optáis por ser un poquito malos. Y comienzan las miradas cómplices, las sonrisas, los abrazos y los: «¿Me echas de menos?».

Y durante unas semanas, vuelven los planes que tanto habías olvidado; cenar un día entre semana con las de siempre, las carcajadas que salen de tu nuez a todo volumen. Y recuerdas lo mucho que echas de menos evadir responsabilidades y estar un rato con la gente que te ha visto crecer. Vuelves a esa familia que decidiste elegir un día y recuerdas el motivo que te llevó a elegirla.

Durante esas mismas semanas, una vida paralela va formándose. Y de repente, parece llegar gente nueva a tu vida; parece una bocanada de aire fresco. Todo se agita y, sin colisionar, parece que exploten millones de sensaciones nuevas. Y entonces, parece que la felicidad vuelve a ponerte los pelos de punta. Y decides salir de la zona de confort, intentando perder el miedo a mostrarte tal y como eres. Coges con mimo esas líneas paralelas y haces que coexistan. Te miras al espejo y ya no ves algo que te disgusta. Comienzan a decirte lo bien que te ven. Y no puedes parar de sonreír; es una señal de que todo parece cuadrar. De repente, todo esto parece tener un sentido.

Y descubres que el verdadero significado de diamantes va acompañado de nombres y apellidos; y también de unos brazos que te ayudan a levantarte en los momentos difíciles y te ayudan a creer en ti. Y sobre todo, que te hacen reír.

Esos sí que son los verdaderos diamantes.

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Daniel Sánchez

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