DE CUANDO ROMPES LAZOS

Dear gentle reader,

Esta mañana podría haber titulado este post como ‘La vida es una mierda’. Sin embargo, he decidido esperar a ver qué me deparaba el día. Y a lo largo de ese día, mientras mi espalda cogía una quemadura amorfa del sol, pensaba en lo importante que es poner límites. Es algo que me ha costado siempre, pero con terapia y mucho trabajo interior, he sabido establecerlos. Y qué orgulloso me siento de eso. A pesar de ello, duele. Duele tanto como siempre. Porque según una amiga, yo quiero de una forma diferente. Y todo me afecta el doble. Lo bueno es una pasada, pero lo malo es la casa del terror más terrorífica de todas. A veces, me gustaría sentir menos, rebajar un poco la intensidad para que no haga tanto daño, pero en días como hoy, protejo esa intensidad como una llama que no quiero que se apague, porque, al fin y al cabo, ¿no es mejor sentir que estar vacío?

Y de ahí que esta semana haya vuelto a entrar en un bucle oscuro. El espejo ya no me mostraba una buena imagen. Mis ojos han vuelto a ser mar, tormenta y huracán. Y aunque se haga lo correcto, estableciendo unos límites para mejorar tu felicidad, el pecho entiende otra cosa diferente. Y se crea una colisión de sentimientos y emociones de la que es muy difícil salir. Y la culpabilidad entra al juego. Sin embargo, comienzas a desaflojar la cuerda de la culpabilidad y se va yendo en cuanto caes en la cuenta de que no hay culpabilidad que debas atribuirte por pensar en lo que es mejor para ti. Nada tienes que hacer cuando las personas no saben gestionar tus límites. 

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He podido comprobar que, puedes gustar a todo el mundo mientras puedas ser un juguete al que puedan manejar, pero ¿qué pasa cuando te rompen tantas veces que decides deshacerte de todo aquello que te hace triste? El interés se pierde y entonces pasas a un segundo plano. Bueno, pasas a ningún plano porque desapareces. Y lo que me está enseñando la vida es a ver lo efímero que es todo y cómo la gente enfoca sus sentimientos hacia personas diferentes en un intervalo muy pequeño de tiempo. Y me sorprende cómo se puede estar a gusto con cien personas diferentes en un mes. Y crear un vínculo y una intimidad. Algo que para mí es impensable.

Y mientras siga sin entender todo eso y siga con mis valores, todavía lo estaré haciendo bien.

Tal y como diría Marta Sánchez, termino este dulce post con: ‘Me despido de… ¿ti?’.

Y, ¿quién sabe? 

Quizá, de un domingo noche, dos copas de vino, un ‘qué guapo eres’ y ‘qué labios tan suaves tienes’… Bueno, quizá no esté todo perdido, ¿no?.

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Gracias a todas las personas que se van. No podría haber escrito más estos meses. Además, estoy saturado de tantos glow-ups.

Y a ti, gracias por leer. Siempre.

Feliz verano.

Daniel Sánchez

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