DE CUANDO EL UNIVERSO

Hoy, se podría decir, que he tenido un día con poca energía. Y aun así, no ha sido del todo malo. Es uno de esos días en los que el cuerpo pesa, los ojos se achinan y estás como ausente. Ya decía Neruda: ‘Me gusta cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca’.

Y es que tiendo a pensar mucho. Mis pensamientos parecen estrellas recorriendo el cielo, coyotes corriendo, un cerebro mandando información a tus extremidades para realizar un simple movimiento. Sin embargo, hoy hay paz. Es una paz un tanto tristona. Y me veo desde fuera y si fuera otra persona, pensaría en qué estaría pensando, ¿por qué tan callado? Y comenzaría a imaginarme múltiples escenarios que tienen a esa persona con la mirada un poco perdida y asintiendo de vez en cuando. Y entonces mi cabeza pensaría que sí, que quizá alguien le calló con un beso. Uno de esos que te roban hasta los monosílabos de los labios.

Pinterest

Quizá pienso demasiado, ya lo habéis podido comprobar. Pero en el fondo, hay un mundo que no os podéis ni imaginar. No. No es un mundo. Son muchas galaxias en mi pecho, girando, bailando y entremezclándose. Son explosiones cada segundo. Esparciendo sentimientos y, en consecuencia, despertando todas las emociones habidas y por haber. Y me aferro a ellas, pero al mismo tiempo siempre quiero que desaparezcan. Que huyan, que no miren atrás. Que hagan lo que les plazca, pero que me dejen. Y eso que el abandono es algo que me tiene siempre un tanto inquieto. 

Hay mucha información que desconocemos sobre el universo, aunque es algo que siempre ha fascinado a muchísima gente. ¿Será esa curiosidad la que nos mantiene vigilantes? Siento cierta conexión en ese campo. Hay mucho que, incluso yo, desconozco sobre mí; hay tanto torbellino, que hay veces que es mejor alejarse. Quizá, no sé, algún día, alguien decida dar vueltas, hasta que todo se tranquilice de nuevo.

Y a pesar de todo esto, hoy he caído en la cuenta de algo. Y es que me gusta sentir. Mucho. Me gusta que mi piel se erice cuando un momento viene a mi memoria, que estremezca todo mi cuerpo como si una pluma cayera sobre mi cabeza mientras mis ojos reciben el sol de la tarde después de una placentera siesta. Que haya momentos o, incluso la música, que despierten una euforia en mi interior que crea que soy tan feliz que me voy a morir.

¿Qué le vamos a hacer? 

Nunca quise una galaxia.

Yo las quiero todas.

Pinterest

Daniel Sánchez

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.