DE CUANDO UN CUENTO PERFECTO

Esta última semana he estado rescatando series que ya había visto para poder sentirme a salvo. Como cuando te pones los capítulos de Aquí no hay quien viva porque ya sabes lo que va a pasar y te ríes aun habiendo visto los capítulos más veces de las que cambias las sábanas. Vuelves un poco a tu infancia, sin regresar del todo, pero en tu corazón se instala esa nostalgia bonita que te acoge un ratito.

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Esta semana ha pasado con Un Cuento Perfecto. Un libro que devoré hace años y pude ver una adaptación maravillosa en Netflix. He vuelto a verla y me ha dado que pensar. Y me he dado cuenta de que odio los finales. Odio los finales que no implican el principio de algo. Odio las despedidas. Odio la palabra ‘adiós’. Odio a la gente que dice: “¿Me das un abrazo?”, sabiendo que es el último. Odio todo eso. No puedo expresar la presión que invade mi pecho cada vez que experimento esas situaciones. Situaciones cada vez más recurrentes en una sociedad en la que pareces un pañuelo; te usan, te tiran y al siguiente. Y cada día vas sintiéndote más reemplazable, más inferior y más frustrado, porque hoy dicen que te quieren, pero mañana…, ¿quién sabe?

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Y por eso, odio que en el preciso momento que das la espalda a alguien para marcharte, no griten tu nombre para detener tu partida; que dejarte marchar sea tan fácil. Odio los finales de las canciones que te hacen sentir bien. Odio la gente que se va sin pena, pero sí con gloria.

Y lo odio porque la parte izquierda de mi pecho siempre se quedará con las letras que componen mi nombre haciendo eco en los pliegues de mis oídos para girarme. Haciendo que mi corazón bombee más rápido y se alimente un poco de esa esperanza tan desorientada estos días. Que los huecos de mis costillas contengan todo el aire del mundo en ese preciso instante.

Lo odio porque yo siempre me quedaré con un: ‘Quédate’. Lo odio porque yo siempre me quedaré sin terminar de dar la vuelta a la esquina porque me han cogido del brazo para que no dé un paso más. Lo odio porque yo siempre me quedaré con un ‘Vuela’ antes que con un ‘Vuelve’, porque los ‘vuelve’ son para la gente que se ha ido. Y yo siempre me quedaré con alguien que ha intentado que no me marche, y quiera quedarse conmigo.

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Siempre me quedaré con un: Vuela conmigo.

Daniel Sánchez

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